1. Se nos concede una sola vida; y la pregunta que cada uno debe hacerse
es: “¿Cómo puedo invertir mis facultades de manera que rindan el mayor
provecho? ¿Cómo puedo hacer más para la gloria de Dios y el beneficio de mis
semejantes?” Pues la vida es valiosa sólo en la medida en que se la usa para el
logro de estos propósitos. {CRA
15.1}
Nuestro primer deber hacia Dios y nuestros semejantes es el desarrollo
individual. Cada facultad con que el Creador nos ha dotado debemos cultivarla
hasta el más alto grado de perfección, para realizar la mayor suma de bien de
la cual seamos capaces. Por tanto, está bien invertido el tiempo que se usa en
la adquisición y la preservación de la salud física y mental. No podemos
permitirnos empequeñecer o inhabilitar ninguna función del cuerpo o de la
mente. Con la misma seguridad con que lo hagamos, deberemos sufrir las
consecuencias.—Christian Temperance and Bible Hygiene,
41, 42; Counsels
on Health, 107, 108 (1890). {CRA 15.2}
Escoger
la vida o la muerte
Cada hombre tiene la oportunidad, en alto grado, de hacer de sí mismo lo
que elija ser. Las bendiciones de esta vida, y también las del estado inmortal,
están a su alcance. Puede él formar un carácter de gran excelencia, y adquirir
nueva fuerza a cada paso. Puede avanzar diariamente en conocimiento y
sabiduría, consciente de que el progreso le proporcionará nuevas delicias, y
añadir una virtud a otra, una gracia a otra. Sus facultades mejorarán con
el uso; cuanto más sabiduría obtenga, mayor será su capacidad para adquirir más
aún. Su inteligencia, conocimiento y virtud se desarrollarán así para adquirir
mayor fuerza y más perfecta simetría. {CRA 15.3}
Por otra parte, puede permitir que sus facultades se herrumbren por
falta de uso, o que sean pervertidas por malos hábitos, y por falta de dominio
propio o de vigor moral y religioso. Entonces marcha hacia abajo; es
desobediente a la ley de Dios y a las leyes de la salud. El apetito lo domina.
La inclinación lo desvía. Le resulta más fácil permitir que los poderes del
mal, que están siempre activos, lo arrastren hacia atrás que luchar contra
ellos y avanzar. Sigue luego la disipación, la enfermedad y la muerte. Esta es
la historia de muchas vidas que podrían haber sido útiles en la causa de Dios y
la humanidad. {CRA 16.1}
Buscad la perfección
2. Dios quiere que alcancemos el ideal de perfección hecho posible para
nosotros por el don de Cristo. Nos invita a escoger el lado de la justicia, a
ponernos en relación con los agentes celestiales, a adoptar principios que
restaurarán en nosotros la imagen divina. En su Palabra escrita y en el gran
libro de la naturaleza ha revelado los principios de la vida. Es tarea nuestra
conocer estos principios y por medio de la obediencia cooperar con Dios en
restaurar la salud del cuerpo tanto como la del alma.—El
Ministerio de Curación, 77, 78 (1905). {CRA 16.2}
3. El organismo vivo es propiedad de Dios; le pertenece por el derecho
que le confieren la creación y la redención. Por lo tanto, por el empleo
equivocado de cualquiera de nuestras facultades, despojamos a Dios del honor
que le debemos.—Carta 73a, 1896. {CRA 16.3}
Un asunto de obediencia
4. La obligación que tenemos para con Dios de presentarle cuerpos
limpios, puros y sanos, no se comprende.—Manuscrito
49, 1897. {CRA 17.1}
5. El dejar de cuidar la maquinaria viviente es un insulto infligido al
Creador. Existen reglas divinamente establecidas que, si se observan, guardarán
a los seres humanos de la enfermedad y la muerte prematura.—Carta
120, 1901. {CRA 17.2}
6. Una razón por la cual no disfrutamos de más bendiciones del Señor, es
que no prestamos atención a la luz que le ha placido darnos con respecto a las
leyes de la vida y la salud.—The Review and Herald, 8 de mayo de 1883. {CRA 17.3}
7. Dios es tan ciertamente el autor de las leyes físicas como lo es de
la ley moral. Su ley está escrita con su propio dedo sobre cada nervio, cada
músculo y cada facultad que ha sido confiada al hombre.—Palabras
de Vida del Gran Maestro, 326, 327 (1900). {CRA 17.4}
8. El Creador del hombre ha dispuesto la maquinaria viviente de nuestro
cuerpo. Toda función ha sido hecha maravillosa y sabiamente. Y Dios se ha
comprometido a conservar esta maquinaria humana marchando en forma saludable,
si el agente humano quiere obedecer las leyes de Dios y cooperar con él. Toda
ley que gobierna la maquinaria humana ha de ser considerada tan divina en su
origen, en su carácter y en su importancia como la Palabra de Dios. Toda acción
descuidada y desatenta, todo abuso cometido con el maravilloso mecanismo del
Señor, al desatender las leyes específicas que rigen la habitación humana,
es una violación de la ley de Dios. Podemos contemplar y admirar la obra
de Dios en el mundo natural, pero la habitación humana es la más admirable.—Manuscrito
3, 1897. {CRA 17.5}
[El pecado de seguir una conducta que gaste
innecesariamente la vitalidad u oscurezca el cerebro—194] {CRA 18.1}
9. Es tan ciertamente un pecado violar las leyes de nuestro ser como lo
es quebrantar las leyes de los Diez Mandamientos. Hacer cualquiera de ambas
cosas es quebrantar los principios de Dios. Los que transgreden la ley de Dios
en su organismo físico, tendrán la inclinación a violar la ley de Dios
pronunciada desde el Sinaí. {CRA
18.2}
[Véase también 63.] {CRA 18.3}
Nuestro Salvador advirtió a sus discípulos que inmediatamente antes de
su segunda venida existiría un estado de cosas muy similar al que precedió al
diluvio. El comer y beber sería llevado al exceso, y el mundo se entregaría al
placer. Este estado de cosas es el que existe hoy. El mundo está mayormente
entregado a la complacencia del apetito; y la disposición a seguir costumbres
mundanas nos esclavizará a hábitos pervertidos: hábitos que nos harán más y más
semejantes a los moradores de Sodoma que fueron condenados. Me he admirado de
que los habitantes de la tierra no hayan sido destruidos, como la gente de
Sodoma y Gomorra. Veo que existe suficiente razón que explica el estado de
degeneración y mortalidad imperante en el mundo. La pasión ciega controla la
razón, y en muchos casos toda consideración elevada es sacrificada a la
lujuria. {CRA 18.4}
El conservar el cuerpo en una condición sana, a fin de que todas las
partes de la maquinaria viva actúen armoniosamente, debe ser el estudio de
nuestra vida. Los hijos de Dios no pueden glorificarlo a él con cuerpos enfermos
o mentes enanas. Los que se complacen en cualquier clase de intemperancia,
ora sea en el comer o beber, malgastan su energía física y debilitan su poder
moral.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 53
(1890). {CRA 18.5}
10. Puesto que las leyes de la naturaleza son las leyes de Dios,
sencillamente es nuestro deber dar a estas leyes un estudio cuidadoso. Debemos
estudiar sus requerimientos con respecto a nuestros propios cuerpos, y
conformarnos a ellos. La ignorancia en estas cosas es pecado. {CRA 19.1}
[La ignorancia voluntaria aumenta el
pecado—53] {CRA 19.2}
“¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?” “¿O ignoráis
que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el
cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por
precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los
cuales son de Dios”. 1 Corintios 6:15, 19, 20. Nuestros cuerpos son la propiedad adquirida por Cristo, y no estamos en
libertad de hacer con ellos como nos parezca. El hombre ha hecho esto. Ha
tratado su cuerpo como si las leyes que lo rigen no tuvieran ninguna penalidad.
Debido al apetito pervertido, sus órganos y facultades se han debilitado, se
han enfermado y se han inutilizado. Y estos resultados que Satanás ha producido
con sus propias tentaciones especiosas, los usa para vituperar a Dios. El
presenta ante Dios el cuerpo humano que Cristo ha comprado como su propiedad;
¡y qué repugnante representación de su Creador es el hombre! Debido a que el
hombre ha pecado contra su cuerpo, y ha corrompido sus costumbres, Dios resulta
deshonrado. {CRA 19.3}
Cuando los hombres y las mujeres se convierten de verdad, respetan
concienzudamente las leyes de la vida que Dios ha establecido en su ser, y así
tratan de evitar la debilidad física, mental y moral. La obediencia a estas
leyes ha de convertirse en un deber personal. Nosotros mismos debemos sufrir
los males producidos por la violación de la ley. Debemos dar cuenta a Dios
por nuestros hábitos y prácticas. Por lo tanto, la pregunta que debemos
hacernos no es: “¿Qué dirá el mundo?” sino “¿Cómo trataré yo, que pretendo ser
un cristiano, la habitación que Dios me ha dado? ¿Trabajaré para lograr mi más
alto bien temporal y espiritual al guardar mi cuerpo como templo para la morada
del Espíritu Santo, o me abandonaré a las ideas y prácticas del mundo?”—Testimonies
for the Church 6:369, 370 (1900). {CRA 19.4}
Penalidad de la ignorancia
11. Dios ha establecido leyes que gobiernan nuestra constitución, y
estas leyes que él ha implantado en nuestro ser son divinas, y para cada
transgresión existe una penalidad, que ha de cumplirse tarde o temprano. La
mayor parte de las enfermedades que han hecho sufrir y que están haciendo
padecer a la humanidad, han sido creadas por los hombres debido a la ignorancia
de las leyes básicas que rigen su propio organismo. Parecen indiferentes en
materia de salud, y trabajan con perseverancia para despedazarse, y cuando
están quebrantados y debilitados corporal y mentalmente, mandan a buscar al
médico y se acarrean la muerte con las drogas.*—The Health Reformer, octubre de 1866. {CRA 20.1}
No siempre son ignorantes
12. Cuando se habla con algunas personas acerca del tema de la salud, a
menudo dicen: “Sabemos actuar mucho mejor de lo que lo hacemos”. No se dan
cuenta de que son responsables de todo rayo de luz recibido con respecto a su
bienestar físico, y que todos sus hábitos están abiertos a la inspección de
Dios. La vida física no ha de ser tratada de manera fortuita o descuidada. Todo
órgano, toda fibra del ser, han de ser sagradamente preservados de
prácticas dañinas.—Testimonies for the Church 6:372 (1900). {CRA 20.2}
La responsabilidad por la luz
13. En el tiempo en que brilló sobre nosotros la luz de la reforma pro
salud, y desde ese tiempo en adelante, la pregunta siempre presente ha sido
ésta: “¿Estoy yo practicando la verdadera temperancia en todas las cosas?” “¿Es
tal mi régimen alimenticio que me pondrá en una posición en la cual pueda
realizar la mayor suma de bien?” Si no podemos contestar estas preguntas en
forma positiva, aparecemos condenados delante de Dios, porque él nos tendrá por
responsables de la luz que ha brillado sobre nuestro sendero. Dios nos ha
tolerado durante el tiempo de nuestra ignorancia, pero tan pronto como la luz
brilla sobre nosotros, él nos exige que cambiemos nuestros hábitos destructores
de la salud, y que nos coloquemos en la debida relación con las leyes físicas.—Good
Health, 1 de noviembre de 1880. {CRA 21.1}
14. La salud es un tesoro. De todas las posesiones temporales es la más
preciosa. La riqueza, el saber y el honor se adquieren a un precio elevado,
cuando se obtienen a costa de la pérdida del vigor de la salud. Pero ninguna de
estas cosas puede asegurar la felicidad, si la salud llega a faltar. Abusar de
la salud que Dios nos ha dado es un terrible pecado; tales abusos nos debilitan
para la vida y nos hacen perdedores, cualquiera sea el grado de educación que
alcancemos por ese medio.—Christian Temperance and Bible Hygiene,
150 (1890). {CRA 21.2}
[Ejemplos de sufrimiento debido al descuido
de la luz—119, 204] {CRA 21.3}
15. Dios ha provisto pródigamente para la subsistencia y la felicidad de
todas sus criaturas; si sus leyes nunca fueran violadas, si todos los
seres humanos actuaran de acuerdo con la voluntad divina, el resultado sería la
salud, la paz y la felicidad, en lugar de la miseria y el mal permanente.—Christian
Temperance and Bible Hygiene, 151 (1890). {CRA 21.4}
16. Una cuidadosa conformidad de nuestra parte con las leyes que Dios ha
implantado en nuestro ser, asegurará la salud, y no se producirá un
quebrantamiento de la constitución.—The Health Reformer, agosto,
1886. {CRA 22.1}
[La reforma pro salud como medio que el
Señor tiene para aminorar el sufrimiento—788] {CRA 22.2}
Una ofrenda sin tacha
17. En el servicio judaico antiguo se exigía que todo sacrificio fuera
sin tacha. En el texto se nos dice que presentemos nuestros cuerpos como
sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios, que es nuestro racional culto. Somos
la obra de Dios. El salmista, al meditar en la obra maravillosa de Dios
revelada en la estructura humana, exclamó: “Asombrosa y maravillosamente he
sido formado”. Salmos 139:14,
VM. Hay muchas personas que se educan en las ciencias y se familiarizan con la
teoría de la verdad, pero no entienden las leyes que gobiernan su propio ser.
Dios nos ha dado facultades y talentos; y es nuestro deber, como hijos e hijas
de Dios, hacer el mejor uso de ellos. Si debilitamos estas facultades de la
mente o del cuerpo por medio de hábitos erróneos o por la complacencia de un
apetito pervertido, será imposible que honremos a Dios como debiéramos.—Christian
Temperance and Bible Hygiene, 15 (1890). {CRA 22.3}
18. Dios exige que el cuerpo le sea presentado como sacrificio vivo, no
como sacrificio muerto o moribundo. Las ofrendas de los antiguos hebreos debían
ser sin tacha, ¿y será agradable para Dios aceptar una ofrenda humana
llena de enfermedad y corrupción? El nos dice que nuestro cuerpo es el
templo del Espíritu Santo; y nos exige que cuidemos este templo, a fin de que
sea una habitación adecuada para su Espíritu. El apóstol Pablo nos da esta
amonestación: “No sois vuestros, porque habéis sido comprados por precio;
glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales
son de Dios”. 1 Corintios 6:19, 20. Todos deben ser muy cuidadosos para preservar el cuerpo en la mejor
condición de salud posible, a fin de que puedan rendir a Dios un servicio
perfecto, y cumplir su deber en la familia y en la sociedad.—Christian
Temperance and Bible Hygiene, 52, 53;Counsels
on Health, 121 (1890). {CRA 22.4}
Una ofrenda despreciable
19. Debe obtenerse conocimiento con respecto a cómo comer, beber y
vestirse como para preservar la salud. La enfermedad es causada por la
violación de las leyes de la salud; es el resultado de infringir las leyes de
la naturaleza. Nuestro primer deber, un deber que tenemos para con Dios, hacia
nosotros mismos y con nuestros semejantes, es obedecer las leyes de Dios, que
incluyen las leyes de la salud. Si estamos enfermos, imponemos una carga
cansadora a nuestros amigos y nos descalificamos para cumplir nuestros deberes
hacia la familia y los vecinos. Y cuando la muerte prematura es el resultado de
nuestra violación de la ley natural, acarreamos dolor y sufrimiento a los
demás; privamos a nuestros vecinos de la ayuda que debiéramos darles mientras
vivimos; despojamos a nuestras familias del bienestar y la ayuda que debiéramos
darles, y privamos a Dios del servicio que él reclama de nosotros para hacer
progresar su gloria. ¿No somos, pues, transgresores de la ley de Dios en el
peor sentido? {CRA 23.1}
Pero Dios es muy piadoso, bondadoso y tierno, y cuando la luz les llega
a los que han perjudicado su salud por complacencias pecaminosas, y ellos se
convencen de pecado, y se arrepienten y buscan el perdón, él acepta la
pobre ofrenda que le presentan y los recibe. ¡Oh, cuán tierna es la misericordia
que él manifiesta al no rechazar lo que queda de la vida, de la cual ha abusado
el sufriente y arrepentido pecador! En su bondadosa misericordia, salva a estas
almas, como si fuera por fuego. ¡Pero cuán inferior y despreciable sacrificio,
en el mejor de los casos, es éste para ofrecer a un Dios puro y santo! Las
facultades nobles han sido paralizadas por hábitos erróneos de pecaminosa
complacencia. Las aspiraciones están pervertidas, y el alma y el cuerpo
desfigurados.—Testimonies for the Church 3:164, 165
(1872). {CRA 23.2}
El porqué de la luz de la reforma
pro salud
20. El Señor ha permitido que su luz brillara sobre nosotros en estos
últimos días, para que la oscuridad y las tinieblas que se han estado juntando
en las pasadas generaciones debido a una complacencia pecaminosa, pudieran ser
en cierto grado despejadas, y para que el tren de los males que han resultado
debido a la intemperancia en el comer y en el beber, pudiera ser disminuido. {CRA 24.1}
El Señor proyectó con sabiduría colocar a su pueblo en una posición en
que se separara del mundo en espíritu y práctica, y en que sus hijos no fueran
inducidos con tanta facilidad a la idolatría, mancillándose con las
corrupciones prevalecientes de su época. Es el propósito de Dios que los padres
creyentes y sus hijos se presenten como representantes vivos de Cristo,
candidatos para la vida eterna. Todos los que son participantes de la
naturaleza divina escaparán a la corrupción que está en el mundo por la
concupiscencia. Es imposible que los que gratifican el apetito alcancen la
perfección cristiana.—Testimonies for the Church 2:399, 400
(1870). {CRA 24.2}
21. Dios ha permitido que la luz de la reforma pro salud brillara sobre
nosotros en estos días finales, para que andando en la luz escapemos a muchos
de los peligros a que estaremos expuestos. Satanás está obrando con gran poder
para inducir a los hombres a dar rienda suelta al apetito, a gratificar la
inclinación y a gastar sus días con descuidada insensatez. Presenta las
atracciones de una vida de disfrute egoísta y de complacencia sensual. La
intemperancia absorbe las energías tanto de la mente como del cuerpo. El que es
así vencido, se ha colocado en el terreno de Satanás, donde será tentado y
molestado, y finalmente dominado a gusto por el enemigo de toda justicia.—Christian
Temperance and Bible Hygiene, 75 (1890). {CRA 24.3}
22. A fin de preservar la salud, se necesita la temperancia en todas las
cosas: temperancia en el trabajo, temperancia en el comer y en el beber.
Nuestro Padre celestial envió la luz de la reforma pro salud como protección
contra los males resultantes de un apetito degradado, a fin de que los que aman
la pureza y la santidad sepan cómo usar con discreción las buenas cosas que él
ha provisto para ellos, y a fin de que por el ejercicio de la temperancia en la
vida diaria, puedan ser santificados por medio de la verdad.—Christian
Temperance and Bible Hygiene, 52; Counsels
on Health, 120, 121 (1890). {CRA 25.1}
23. Téngase siempre presente que el gran objeto de la reforma higiénica
es asegurar el más alto desarrollo posible de la mente, el alma y el cuerpo.
Todas las leyes de la naturaleza—que son las leyes de Dios—han sido ideadas
para nuestro bien. Su obediencia promoverá nuestra felicidad en esta vida, y
nos ayudará a prepararnos para la vida futura.—Christian
Temperance and Bible Hygiene, 120 (1890). {CRA 25.2}
La importancia de los principios
de la salud
24. Se me ha mostrado que los principios que nos fueron dados en los
primeros días de este mensaje no han perdido su importancia, y debemos tenerlos
en cuenta tanconcienzudamente como entonces. Hay algunos que jamás han seguido
la luz dada en cuanto al régimen. Ya es tiempo de sacar la luz de debajo del
almud para que resplandezca con toda su fuerza. {CRA 25.3}
Los principios del sano vivir tienen una gran importancia para nosotros
como individuos y como pueblo... {CRA
26.1}
Todos somos probados en este tiempo. Hemos sido bautizados en Cristo; y
si estamos dispuestos a separarnos de todo aquello que tienda a degradarnos y a
hacernos lo que no debemos ser, recibiremos fuerza para crecer en Cristo,
nuestra cabeza viviente, y veremos la salvación de Dios. {CRA 26.2}
Sólo cuando demostremos ser inteligentes tocante a los principios de una
vida sana, podremos discernir los males que resultan de un régimen alimenticio
impropio. Aquellos que, habiéndose impuesto de sus errores, tengan el valor de
modificar sus costumbres, encontrarán que la reforma exige luchas y mucha perseverancia.
Pero una vez que hayan adquirido gustos sanos, verán que el consumo de la
carne, en el que antes no veían mal alguno, preparaba lenta pero seguramente la
dispepsia y otras enfermedades.—Joyas de los
Testimonios 3:358-360 (1909). {CRA 26.3}
A la vanguardia de los
reformadores
25. Los adventistas del séptimo día manejan verdades trascendentales.
Hace más de cuarenta años que el Señor nos dio luces especiales sobre la
reforma pro salud; pero, ¿cómo seguimos en esa luz? ¡Cuántos hay que han
rehusado poner su vida en armonía con los consejos de Dios! Como pueblo,
debiéramos realizar progresos proporcionales a la luz que hemos recibido. Es
deber nuestro comprender y respetar los principios de la reforma pro salud. En
el asunto de la temperancia, deberíamos dejar muy atrás a todos los demás; sin
embargo, hay en nuestras iglesias miembros a quienes las instrucciones no han
faltado, y hasta predicadores, que demuestran poco respeto por la luz
que Dios nos ha dado tocante a este asunto. Comen según sus gustos y
trabajan como mejor les parece. {CRA
26.4}
Colóquense los maestros y directores de nuestra obra firmemente sobre el
terreno bíblico en lo que se refiere a la reforma pro salud, y den un
testimonio definido a los que creen que vivimos en los últimos tiempos de la
historia de este mundo. Debe haber una línea de separación entre los que sirven
a Dios y los que se complacen a sí mismos.—Joyas
de los Testimonios 3:358 (1909). {CRA 27.1}
26. ¿Andarán a la zaga de los religiosos entusiastas de estos días, que
no tienen fe en la pronta aparición de nuestro Salvador, los que están
“aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro
gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para
redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de
buenas obras”? Tito 2:13, 14.
El pueblo peculiar que Dios está purificando para sí, a fin de trasladarlo al
cielo sin ver la muerte, no debe estar a la zaga de otros en buenas obras. En
sus esfuerzos por limpiarse a sí mismos de toda contaminación de la carne y del
espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios, deben estar tanto más
adelantados que toda otra clase de personas sobre la tierra, cuanto es más
exaltada su profesión que la de otros.—Testimonies
for the Church 1:487 (1867). {CRA 27.2}
La reforma pro salud y la oración
por el enfermo
27. Para obtener y conservar la pureza, los adventistas del séptimo día
deben tener el Espíritu Santo en sus corazones y en sus familias. El Señor me
ha mostrado que cuando el Israel de hoy se humille delante de él y quite toda
inmundicia del templo de su alma, Dios escuchará sus oraciones en favor de los
enfermos y dará eficacia a los remedios empleados contra la enfermedad.
Cuando el agente humano haga con fe cuanto pueda para combatir la enfermedad
por los sencillos métodos de tratamiento que Dios indicó, el Señor bendecirá
estos esfuerzos. {CRA
27.3}
Si después de habérsele dado tanta luz, el pueblo de Dios continúa
fomentando sus malas costumbres y sigue complaciendo sus apetitos en oposición
a la reforma, sufrirá las consecuencias inevitables de la transgresión. Dios no
salvará milagrosamente de las consecuencias de sus faltas a aquellos que están
resueltos a satisfacer a toda costa su apetito pervertido. Les advirtió: “En
dolor seréis sepultados”. Isaías 50:11. {CRA 28.1}
Los presuntuosos que dicen: “El Señor me ha sanado; no tengo necesidad
de restringir mi alimentación; puedo comer y beber según me plazca”,
necesitarán muy pronto, en su cuerpo y en su alma, el poder sanador de Dios. El
hecho de que el Señor os haya curado misericordiosamente no es una razón para
pensar que podéis seguir las prácticas del mundo. Obedeced a la orden que
Cristo daba después de sus curaciones: “Vete, y no peques más”. Juan
8:11. El apetito no debe ser vuestro dios.—Joyas
de los Testimonios 3:364 (1909). {CRA 28.2}
28. La reforma pro salud es una rama de la obra especial de Dios en
beneficio de su pueblo... {CRA
28.3}
Vi que la razón por la cual Dios no escuchó más plenamente las oraciones
de sus siervos en favor de los enfermos que hay entre nosotros, es que él no
podía ser glorificado al hacer tal cosa mientras estuviéramos violando las
leyes de la salud. También vi que él ha dispuesto que la reforma pro salud y el
Instituto de Salud prepararan el camino para que la oración de fe fuera
plenamente contestada. La fe y las buenas obras deben ir mano a mano para
aliviar a los afligidos que se hallan entre nosotros, a fin de hacerlos idóneos
para glorificar a Dios aquí y salvarlos a la venida de Cristo.—Testimonies
for the Church 1:560, 561 (1867). {CRA 28.4}
29. Muchos han esperado que Dios los preservara de la enfermedad
meramente porque le pidieron que lo hiciera. Pero Dios no escuchó sus
oraciones, porque su fe no se perfeccionó por medio de las obras. Dios no obrará
un milagro para preservar de la enfermedad a aquellos que no se cuidan a sí
mismos, sino que están continuamente violando las leyes de la salud, y que no
hacen ningún esfuerzo para prevenir la enfermedad. Cuando hacemos todo lo que
está de nuestra parte para tener salud, entonces podemos esperar que sigan
benditos resultados, y podemos pedir a Dios con fe que bendiga nuestros
esfuerzos para la preservación de la salud. El entonces contestará nuestra
oración, si su nombre puede ser glorificado por ello. Pero entiendan todos que
tienen una obra que hacer. Dios no obrará de una manera milagrosa para
preservar la salud de personas que están siguiendo una conducta que los lleva
con seguridad a la enfermedad, por su descuido y falta de atención de las leyes
de la salud. {CRA 29.1}
Los que gratifiquen su apetito, y entonces sufran por su intemperancia,
y tomen drogas para aliviarse, pueden estar seguros de que Dios no intervendrá
para salvar la salud y la vida que se puso en peligro en forma tan temeraria.
La causa ha producido su efecto. Muchos, como último recurso, siguen la
instrucción de la Palabra de Dios, y solicitan las oraciones de los ancianos de
la iglesia para la restauración de su salud. Dios no ve conveniente contestar
oraciones ofrecidas en favor de tales personas, porque él sabe que si su salud
fuera restablecida, ellos la sacrificarían de nuevo sobre el altar de un
apetito malsano.—Sp. Gifts 4:144, 145 (1864). {CRA 29.2}
[Véase también 713.] {CRA 29.3}
Una lección aprendida del fracaso
de Israel
30. El Señor prometió al antiguo Israel que lo preservaría de todas las
enfermedades con que había afligido a los egipcios, si tan sólo quería
permanecer en él y hacer todo lo que le exigiera; pero su promesa tenía la
obediencia por condición. Si los israelitas hubiesen seguido las instrucciones
dadas y sacado provecho de sus ventajas, hubiesen llegado a ser una lección
objetiva para el mundo, por su salud y su prosperidad. Los israelitas no
realizaron el propósito divino y perdieron así las bendiciones que les eran
reservadas. Sin embargo, en José y en Daniel, en Moisés y en Elías, como en
otros muchos casos, tenemos nobles ejemplos de los resultados que pueden
obtenerse viviendo conforme a las verdaderas normas. La misma fidelidad
producirá hoy día los mismos resultados. A nosotros se aplican estas palabras:
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo
adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las
tinieblas a su luz admirable”. 1 Pedro 2:9.—Joyas de los Testimonios 3:364, 365 (1909).{CRA 29.4}
31. Si los israelitas hubiesen obedecido las instrucciones recibidas y
aprovechado sus ventajas, hubieran dado al mundo una verdadera lección objetiva
de salud y prosperidad. Si como pueblo hubieran vivido conforme al plan de
Dios, habrían sido preservados de las enfermedades que afligían a las demás
naciones. Más que ningún otro pueblo, hubieran tenido fuerza física e
intelectual.—El Ministerio de Curación, 216 (1905). {CRA 30.1}
[Véase también 641-644.] {CRA 30.2}
La carrera cristiana
32. “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad
corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo
obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para
recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible”. 1
Corintios 9:24, 25. {CRA 30.3}
Aquí se establecen los buenos resultados del dominio propio y los
hábitos temperantes. Los diversos juegos atléticos instituidos entre los
antiguos griegos en honor de sus dioses, nos son presentados por el apóstol
Pablo para ilustrar la lucha espiritual y su recompensa. Los que debían
participar en estos juegos eran entrenados en base a la más severa disciplina.
Toda complacencia que tendía a debilitar las facultades físicas era prohibida.
Los alimentos de lujo y el vino eran excluidos, a fin de promover el vigor, la
fortaleza y la resistencia física. {CRA 31.1}
El ganar el premio por el cual luchaban—una guirnalda de flores
corruptible, conseguida en medio del aplauso de la multitud—era considerado
como el más alto honor. Si tanto podía soportarse, y tanta abnegación
practicarse con la esperanza de obtener un premio de tan poco valor, que en el
mejor de los casos podía ser logrado sólo por uno, ¡cuánto mayor no debe ser el
sacrificio, cuánto más voluntaria la abnegación para ganar una corona
incorruptible, para conquistar la vida eterna! {CRA 31.2}
Hay una obra que debemos hacer: una obra dura, ferviente. Todos nuestros
hábitos, nuestros gustos e inclinaciones deben ser educados de acuerdo con las
leyes de la vida y la salud. Por este medio debemos obtener las mejores
condiciones físicas, y tener claridad mental para discernir entre el bien y el
mal.—Christian Temperance and Bible Hygiene, 25
(1890). {CRA 31.3}
El ejemplo de Daniel
33. Para entender correctamente el tema de la temperancia, debemos
considerarlo desde un punto de vista bíblico; y en ninguna parte podemos
encontrar una ilustración más abarcante y llena de fuerza de la verdadera
temperancia y de las bendiciones que la acompañan, que la que nos presenta la
historia del profeta Daniel y sus asociados hebreos en la corte de Babilonia... {CRA 31.4}
Dios siempre honra lo recto. Se habían reunido en Babilonia los jóvenes
más promisorios de todos los países sometidos por el gran conquistador, y sin
embargo entre todos ellos, los cautivos hebreos no tenían rival. La forma
erguida, el paso firme y elástico, el rostro despejado, la inteligencia clara y
el aliento puro—todas estas cosas eran certificado de buenos hábitos—constituían
una insignia de nobleza con la cual la naturaleza honra a los que son
obedientes a sus leyes. {CRA
32.1}
La historia de Daniel y sus compañeros ha sido recordada en las páginas
de la Palabra inspirada para beneficio de los jóvenes de todas las edades
sucesivas. Lo que algunos hombres han hecho, otros hombres pueden hacerlo.
¿Permanecieron estos jóvenes hebreos firmes en medio de grandes tentaciones, y
presentaron un noble testimonio en favor de la verdadera temperancia? Los
jóvenes de nuestros días pueden dar un testimonio similar. {CRA 32.2}
Haríamos bien en pensar en la lección que se presenta aquí. Nuestro
peligro no radica en la escasez, sino en la abundancia. Estamos siempre
tentados a los excesos. Los que quieran preservar sus facultades intactas para
el servicio de Dios, deben observar una estricta temperancia en el uso de los
productos de la generosidad divina, así como abstenerse completamente de toda
complacencia perjudicial o degradante. {CRA 32.3}
La generación naciente está rodeada de seducciones calculadas para
tentar el apetito. Especialmente en nuestras grandes ciudades, toda forma de
complacencia es facilitada y presentada como atractiva. Aquellos que, a
semejanza de Daniel, rehusen mancillarse a sí mismos, cosecharán la recompensa
de sus hábitos de temperancia. Con su mayor vigor físico y su poder de
resistencia incrementado, tienen un depósito bancario del cual pueden retirar
en caso de emergencia. {CRA
32.4}
Los hábitos físicos correctos promueven la superioridad mental. El poder
intelectual, la fuerza física y la longevidad dependen de leyes inmutables.
Este no es un problema de azar o de casualidad. El Dios de la naturaleza
no intervendrá para salvar a los hombres de las consecuencias de violar las
leyes de la naturaleza. Existe mucha verdad genuina en el adagio: “Todo hombre
es el arquitecto de su propio destino”. Si bien los padres son responsables de
la estampa del carácter así como de la educación y preparación de sus hijos e
hijas, es cierto sin embargo que nuestra posición y utilidad en el mundo
depende, en gran medida, de nuestra propia conducta. Daniel y sus compañeros
disfrutaron los beneficios de la debida preparación y educación en los primeros
años de la vida, pero estas ventajas de por sí no los habrían hecho lo que
fueron. Llegó el tiempo en que debían actuar por sí mismos: cuando su futuro
dependía de su propia conducta. Entonces decidieron ser leales a las lecciones
que les fueron enseñadas en la niñez. El temor de Dios, que es el principio de
la sabiduría, fue el fundamento de su grandeza. El Espíritu de Dios fortaleció
todo verdadero propósito, toda noble resolución.—Christian
Temperance and Bible Hygiene, 25-28 (1890). {CRA 32.5}
34. Los jóvenes [Daniel, Ananías, Misael y Azarías] que asistían a esta escuela de preparación no solamente debían ser
admitidos en el palacio real sino que también se dispuso que comieran de la
carne y bebieran del vino que venían de la mesa del rey. En todo esto el rey
consideraba que estaba no sólo concediéndoles un gran honor, sino además
asegurándoles el mejor desarrollo físico y mental que pudieran lograr. {CRA 33.1}
Entre las viandas que se colocaban ante el rey había carne de cerdo y
otras carnes declaradas inmundas por la ley de Moisés. Se había prohibido
expresamente que los hebreos las comieran. Aquí Daniel fue puesto en una prueba
severa. ¿Debía adherirse a las enseñanzas de sus padres sobre alimentos y
bebidas, y ofender al rey, probablemente perdiendo no sólo su posición sino
también su vida, o debía desobedecer el mandato del Señor y retener el
favor real, obteniendo de esta suerte grandes ventajas intelectuales y las más
halagüeñas perspectivas mundanas? {CRA 33.2}
Daniel no dudó por mucho tiempo. Decidió mantenerse firme en su
integridad, fueran cualesquiera los resultados. “Y Daniel propuso en su corazón
no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él
bebía”. Daniel 1:8. {CRA 34.1}
Hay muchos, entre los profesos cristianos modernos, que podrían concluir
que Daniel fue demasiado escrupuloso, y que podrían considerarlo estrecho y
fanático. Creen que el asunto de comer y beber tiene demasiado poca
consecuencia para exigir una posición tan decidida: una posición que comporta
el probable sacrificio de toda ventaja terrena. Pero los que razonan de esta
suerte hallarán, en el día del juicio, que ellos se han desviado de los
expresos requerimientos de Dios, y han establecido su propia opinión como norma
de lo que es correcto o incorrecto. Encontrarán que lo que les parecía sin
importancia no es considerado así por Dios. Sus requerimientos deben ser
obedecidos en forma inflexible. Los que aceptan y obedecen uno de sus preceptos
porque resulta conveniente hacerlo, en tanto que rechazan otro porque su
observancia requeriría un sacrificio, rebajan la norma de la justicia, y por su
ejemplo inducen a otros a considerar livianamente la santa ley de Dios. “Así
dice el Señor” ha de ser nuestra regla en todas las cosas... {CRA 34.2}
El carácter de Daniel se presenta al mundo como un notable ejemplo de lo
que la gracia de Dios puede hacer por los hombres caídos por naturaleza y
corrompidos por el pecado. El relato sobre su vida noble y llena de sacrificio,
resulta de ánimo para nuestra humanidad común. De él podemos recibir fuerza
para resistir noblemente la tentación, y con firmeza, y con la gracia de la
mansedumbre, defender lo recto bajo la más severa prueba. {CRA 34.3}
Daniel podría haber encontrado una excusa plausible para apartarse
de sus hábitos estrictamente temperantes; pero la aprobación de Dios era más
cara para él que el favor del más poderoso potentado terrenal: más cara aún que
la vida misma. Habiendo obtenido por su conducta cortés el favor de Melsar, el
oficial que estaba a cargo de los jóvenes hebreos, Daniel hizo la petición de
que se le permitiera no comer de la comida del rey, o beber de su vino. Melsar
temía que si accedía a este pedido, incurriría en el desagrado del rey, y así
peligraría su propia vida. Como muchas personas hoy, pensaba que un régimen
abstemio haría que estos jóvenes tuvieran una apariencia demacrada y enfermiza
y fueran deficientes en fuerza muscular, en tanto que la lujosa comida
proveniente de la mesa del rey los haría rubicundos y hermosos, y les
impartiría una actividad física superior. {CRA 34.4}
Daniel solicitó que el asunto fuera decidido por una prueba de diez
días: los jóvenes hebreos, durante este breve período, debían tener permiso
para comer alimentos sencillos, mientras sus compañeros participarían de los
exquisitos manjares del rey. Finalmente el pedido les fue otorgado, y entonces
Daniel se sintió seguro de que había ganado su caso. Aunque era sólo un joven,
había visto los efectos perjudiciales del vino y de una vida lujuriosa sobre la
salud física y mental. {CRA
35.1}
Al final de los diez días el resultado vino a ser precisamente lo
opuesto a lo que esperaba Melsar. No sólo en su apariencia personal, sino
también en su actividad física y en su vigor mental, los que habían sido
temperantes en sus hábitos revelaron poseer una notable superioridad sobre sus
compañeros que habían complacido su apetito. Como resultado de esta prueba, a
Daniel y a sus asociados les fue permitido continuar su régimen sencillo durante
todo el curso de su preparación para los deberes del reino.—The
Review and Herald, 25 de enero de 1881. {CRA 35.2}
Se gana
la aprobación de Dios
El Señor consideró con aprobación la firmeza y la abnegación de estos
jóvenes hebreos y su bendición los acompañó. “A estos cuatro muchachos
Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y
Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños”. Daniel
1:17. A la expiración de los tres años de preparación,
cuando su capacidad y sus conocimientos fueron puestos a prueba por el rey, “el
rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel,
Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey. En todo
asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez
veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino”. Daniel
1:19, 20. {CRA 35.3}
Aquí hay una lección para todos, pero especialmente para los jóvenes. El
cumplimiento estricto de los requerimientos de Dios es benéfico para la salud
del cuerpo y de la mente. A fin de alcanzar la más alta norma de conquistas
morales e intelectuales, es necesario buscar sabiduría y fuerza de Dios, y
observar una estricta temperancia en todos los hábitos de la vida. En la
experiencia de Daniel y sus compañeros tenemos un ejemplo del triunfo de los
principios sobre la tentación de complacer el apetito. Esa experiencia nos
muestra que por medio de los principios religiosos los jóvenes pueden triunfar
sobre la concupiscencia de la carne y mantenerse leales a los requerimientos de
Dios aunque les cueste un gran sacrificio. {CRA 36.1}
[El régimen de Daniel—117, 241, 242] {CRA 36.2}
Falta de preparación para el
fuerte clamor
35. Me fue mostrado que la reforma pro salud es una parte del mensaje
del tercer ángel, y está tan estrechamente relacionada con él como el brazo y
la mano lo están con el cuerpo humano. Vi que como pueblo veremos efectuar un
movimiento de avance en esta gran obra. Los ministros y el pueblo deben actuar
de concierto. Los hijos de Dios no están preparados para el fuerte clamor del
tercer ángel. Tienen una obra que hacer en favor de sí mismos que no deben
dejar para que Dios la haga por ellos. El ha reservado esta obra para que ellos
la hicieran. Es una obra individual; uno no puede hacerla por otro. “Así que,
amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de
carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. La
glotonería es el pecado prevaleciente en esta era. El apetito pecaminoso
convierte en esclavos a hombres y mujeres, entenebrece sus intelectos y
entorpece sus sensibilidades morales hasta un grado tal que las sagradas y
altas verdades de la Palabra de Dios no son apreciadas. Las propensiones
inferiores han dominado a hombres y mujeres. {CRA 36.3}
A fin de estar listos para la traslación, los hijos de Dios deben
conocerse a sí mismos. Deben tener una comprensión de su propia estructura
física, para que junto con el salmista puedan exclamar: “Te alabaré; porque
formidables, maravillosas son tus obras”. Salmos
139:14. Siempre deben tener el apetito en
sujeción a los órganos morales e intelectuales. El cuerpo debe ser siervo de la
mente, y no la mente del cuerpo.—Testimonies for the
Church 1:486, 487 (1867). {CRA 37.1}
Preparación para el refrigerio
36. Dios exige que sus hijos se limpien a sí mismos de toda inmundicia
de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor del Señor.
Todos los que sean indiferentes y se disculpen por no hacer esta obra,
esperando que el Señor haga por ellos lo que él exige que ellos hagan por sí
mismos, serán hallados faltos cuando los mansos de la tierra, que han puesto
por obra sus juicios, sean escondidos en el día de la ira del Señor. {CRA 37.2}
Se me mostró que si el pueblo de Dios no hace esfuerzos de su parte,
sino que espera que venga el refrigerio y quite sus errores y corrija sus
equivocaciones; si depende de ello para limpiarse de la inmundicia de la carne
y del espíritu, a fin de estar preparado para empeñarse en el fuerte clamor
del tercer ángel, será hallado falto. El refrigerio, o sea el poder de Dios,
viene solamente sobre los que se hallan preparados para él haciendo la tarea
que Dios les pide, es a saber, limpiarse a sí mismos de toda inmundicia de la
carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.—Testimonies
for the Church 1:619 (1867). {CRA 37.3}
Un llamado a los vacilantes
37. El dejar de seguir los sanos principios ha echado a perder la
historia del pueblo de Dios. Ha habido un descuido continuo en la reforma pro
salud, y como resultado de ello Dios es deshonrado por una gran falta de
espiritualidad. Se han erigido barreras que nunca se habrían visto si el pueblo
de Dios hubiera andado en la luz. {CRA 38.1}
¿Permitiremos nosotros, los que hemos tenido tan grandes oportunidades,
que la gente del mundo se nos adelante en la reforma pro salud? ¿Rebajaremos
nuestras mentes y abusaremos de nuestras facultades con una forma equivocada de
comer? ¿Violaremos la santa ley de Dios siguiendo prácticas egoístas? ¿Llegará
nuestra inconsecuencia a ser un objeto de oprobio? ¿Viviremos una vida tan
diferente de la de Cristo que el Salvador se avergonzará de llamarnos hermanos? {CRA 38.2}
¿No haremos en cambio la obra médico-misionera, que es el Evangelio en
acción, viviendo de tal manera que la paz de Dios pueda dominar en nuestro
corazón? ¿No quitaremos todo obstáculo que esté ante los pies de los no
creyentes, recordando siempre qué es lo que cuadra a una profesión de
cristianismo? Mucho mejor es abandonar el nombre de Cristo que hacer profesión
y al mismo tiempo complacer los apetitos que fortalecen las pasiones no
santificadas. {CRA 38.3}
Dios exige que todo miembro de la iglesia dedique su vida sin reservas
al servicio del Señor. El pide una reforma decidida. Toda la creación gime bajo
la maldición. Los hijos de Dios deben colocarse a sí mismos donde puedan
crecer en la gracia, siendo santificados en cuerpo, alma y espíritu, por la
verdad. Cuando rompan con toda complacencia destructora de la salud, tendrán
una percepción más clara de lo que constituye la verdadera santidad. Un cambio
poderoso se verá en su experiencia religiosa.—The
Review and Herald, 27 de mayo de 1902; Counsels
on Health, 578, 579. {CRA 38.4}
Todos son probados
38. Es de gran importancia que hagamos individualmente nuestra parte y
tengamos una comprensión inteligente de lo que debemos comer y beber, y cómo
debemos vivir para preservar la salud. Todos están siendo probados para ver si
aceptan los principios de la reforma pro salud o siguen una conducta de
complacencia propia. {CRA
39.1}
Nadie piense que puede actuar como le agrade con relación al régimen
alimenticio. Antes bien, a todos los que se sientan a la mesa con vosotros,
debe resultarles evidente que seguís los principios en materia de alimentación,
así como en todos los demás asuntos, a fin de que la gloria de Dios sea
revelada. No podéis permitiros actuar de otra suerte, porque tenéis un carácter
que formar para la vida futura inmortal. Grandes responsabilidades descansan
sobre toda alma humana. Comprendamos estas responsabilidades, y llevémoslas
noblemente en el nombre del Señor. {CRA 39.2}
A cada uno de los que son tentados a complacer el apetito quiero
decirle: No ceda a la tentación, mas limítese al uso de alimentos sanos. Ud.
puede educarse para gozar de un régimen saludable. El Señor ayuda a los que
tratan de ayudarse a sí mismos, pero cuando los hombres no ponen especial
empeño en obrar según la mente y la voluntad de Dios, ¿cómo puede él obrar por medio
de ellos? Hagamos nuestra parte, obrando nuestra salvación con temor y temblor,
no sea que cometamos errores en la forma de tratar nuestro cuerpo, el cual
estamos, delante de Dios, en la obligación de conservar en la condición
más saludable posible.—The Review and Herald, 10 de febrero de
1910. {CRA
39.3}
La verdadera reforma es la reforma
del corazón
39. Los que quieren trabajar en el servicio de Dios no deben estar
buscando gratificación mundana e indulgencia egoísta. Los médicos de nuestras
instituciones deben estar imbuidos de los principios vivos de la reforma pro
salud. Los hombres no serán nunca temperantes hasta que la gracia de Cristo sea
un principio viviente en el corazón. Todas las promesas del mundo no lo harán a
Ud. y a su esposa reformadores en materia de salud. Ninguna mera restricción de
su régimen alimenticio lo curará de su apetito enfermo. El Hno. y la Hna. _____
no practicarán la temperancia en todas las cosas hasta que sus corazones sean
transformados por la gracia de Dios. {CRA 40.1}
Las circunstancias no pueden producir reformas. El cristianismo propone
una reforma del corazón. Lo que Cristo obra dentro, se realizará bajo el
dictado de un intelecto convertido. El plan de comenzar afuera y tratar de
obrar hacia el interior siempre ha fracasado, y siempre fracasará. El plan de
Dios con Ud. es comenzar con la raíz misma de todas las dificultades, el
corazón, y entonces del corazón mismo surgirán los principios de justicia. La
reforma será exterior así como interior.—Special
Testimonies, serie A, 9:54 (1896). {CRA 40.2}
40. Los que elevan la norma tanto como les sea posible de acuerdo con la
orden de Dios, según la luz que el Señor les ha dado por medio de su Palabra y
de los testimonios de su Espíritu, no cambiarán su conducta para acomodarse a
los deseos de sus amigos o parientes, ora se trate de una, de dos o de una
cantidad de personas que estén viviendo contrariamente a la sabia disposición
divina. Si procedemos según los principios en estas cosas, si observamos
reglas estrictas en nuestra alimentación, si como cristianos educamos nuestros
gustos según el plan de Dios, ejerceremos una influencia que estará de acuerdo
con la mente de Dios. La pregunta es: “¿Estamos dispuestos a ser fieles
reformadores en pro de la salud?”—Carta 3, 1884. {CRA 40.3}
[Para el contexto véase 720.] {CRA 41.1}
Una cuestión de primordial
importancia
41. Estoy encargada de dar a nuestra iglesia entera un mensaje tocante a
la reforma pro salud; porque muchos han dejado de ser fieles a sus principios. {CRA 41.2}
El propósito de Dios para con sus hijos es que éstos alcancen la medida
de la estatura de hombres y mujeres perfectos en Cristo Jesús. Para ello, deben
hacer uso conveniente de todas las facultades de la mente, el alma y el cuerpo.
No pueden derrochar ninguna de sus energías mentales o físicas. {CRA 41.3}
El asunto de la conservación de la salud tiene una importancia capital.
Al estudiar esta cuestión en el temor de Dios, aprenderemos que, para nuestro
mejor desarrollo físico y espiritual, conviene que nos atengamos a un régimen
alimenticio sencillo. Estudiemos con paciencia esta cuestión. Para obrar
atinadamente en este sentido, necesitamos conocimientos y discernimiento. Las
leyes de la naturaleza existen, no para ser resistidas, sino acatadas. {CRA 41.4}
Los que han recibido instrucciones acerca de los peligros del consumo de
carne, té, café y alimentos demasiado condimentados o malsanos, y quieran hacer
un pacto con Dios por sacrificio, no continuarán satisfaciendo sus apetitos con
alimentos que saben son malsanos. Dios pide que los apetitos sean purificados y
que se renuncie a las cosas que no son buenas. Esta obra debe ser hecha antes
que su pueblo pueda estar delante de él como un pueblo perfecto. {CRA 41.5}
El pueblo remanente de Dios debe ser un pueblo convertido. La
presentación de este mensaje debe tener por resultado la conversión y
santificación de las almas. El poder del Espíritu de Dios debe hacerse sentir
en este movimiento. Poseemos un mensaje maravilloso y definido; tiene una
importancia capital para quien lo recibe, y debe ser proclamado con fuerte voz.
Debemos creer con una fe firme y permanente que este mensaje irá cobrando
siempre mayor importancia hasta la consumación de los tiempos. {CRA 42.1}
Algunos profesos cristianos aceptan ciertas porciones de los Testimonios
como un mensaje de Dios, pero rechazan las que condenan sus costumbres
favoritas. Tales personas trabajan para su mengua y la de la iglesia. Es de
todo punto esencial que andemos en la luz mientras la tenemos. Los que diciendo
creer en la reforma pro salud, niegan sus principios en la vida diaria, causan
perjuicio a su alma y producen una impresión desfavorable en la mente de los
creyentes y de los no creyentes. {CRA
42.2}
Una solemne responsabilidad descansa sobre los que tienen conocimiento
de la verdad: la de velar para que todas sus obras correspondan a su fe, que su
vida sea refinada y santificada, y que sean preparados para la obra que debe
cumplirse rápidamente en el curso de estos últimos días del mensaje. No tienen
ni tiempo ni fuerzas que gastar en la satisfacción de sus apetitos. Estas
palabras debieran repercutir con fuerza ahora en nuestros oídos: “Arrepentíos y
convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los
tiempos del refrigerio de la presencia del Señor”. Hechos
3:19. A muchos de los nuestros les falta espiritualidad y
se perderán a menos que se conviertan completamente. ¿Queréis arriesgaros a
ello?... {CRA 42.3}
Sólo el poder de Cristo puede obrar, en el corazón y la mente, la
transformación que deben experimentar todos los que quieran participar con él
de la nueva vida, en el reino de los cielos. “El que no naciere otra vez—dice
el Salvador—no puede ver el reino de Dios”. Juan
3:3. La religión proveniente de Dios es la única que nos
puede conducir a él. Para servirle convenientemente, es necesario haber nacido
del Espíritu divino. Entonces seremos inducidos a velar. Nuestros corazones
serán purificados, nuestras mentes renovadas, y recibiremos nuevas aptitudes
para conocer y amar a Dios. Obedeceremos espontáneamente a todos sus
requerimientos. En eso consiste el culto verdadero.—Joyas
de los Testimonios 3:354-356 (1909). {CRA 42.4}
Un frente unido
42. Se nos ha dado la obra de hacer avanzar la reforma pro salud. El
Señor desea que sus hijos estén de acuerdo el uno con el otro. Como Ud. debe
saber, no abandonaremos la posición en la cual, durante los últimos treinta y
cinco años,* el Señor nos ha
pedido que estuviéramos. Tenga cuidado de cómo se coloca Ud. en la oposición a
la obra de la reforma pro salud. Ella avanzará; porque constituye el medio que
el Señor tiene de aminorar los sufrimientos de nuestro mundo, y de purificar a
su pueblo Tenga cuidado de la actitud que asume, no sea que se lo encuentre
causando división. Hermano mío, aun cuando Ud. deje de aplicar en su propia
vida y a su propia familia las bendiciones que se obtienen al seguir los
principios de la reforma pro salud, no perjudique a otros oponiéndose a la luz
que Dios ha dado sobre este tema. {CRA 43.1}
Special Testimonies,
serie A, 7:40; Counsels
on Health, 561, 562. {CRA 43.2}
43. El Señor ha dado a su pueblo un mensaje con respecto a la reforma
pro salud. Esta luz ha estado brillando en su camino durante treinta años; y el
Señor no puede sostener a sus siervos en una conducta que la contradiga. El se
desagrada cuando sus siervos actúan en oposición al mensaje referente a este
punto, que él les ha dado para que den a los demás. ¿Puede agradarle a él
el que la mitad de los obreros que trabajan en un lugar, enseñe que los
principios de la reforma pro salud se hallan tan estrechamente relacionados con
el mensaje del tercer ángel como el brazo con el cuerpo, mientras sus
colaboradores, por medio de su ejemplo práctico, enseñan principios que son
completamente opuestos? Esto se considera como un pecado a la vista de Dios... {CRA 43.3}
Nada trae más desánimo a los centinelas del Señor que el relacionarse
con los que tienen capacidad mental, y entienden las razones de nuestra fe,
pero por precepto y ejemplo manifiestan indiferencia hacia las obligaciones
morales. {CRA 44.1}
No puede jugarse con la luz que Dios ha dado sobre la reforma pro salud
sin perjuicio para los que intentan hacerlo; y ningún hombre puede esperar
tener éxito en la obra de Dios mientras, por precepto y ejemplo, actúa en
oposición a la luz que Dios ha enviado.—Carta
48, 1902. {CRA 44.2}
44. Es importante que los ministros den instrucciones con respecto a una
vida templada. Deben mostrar la relación que existe entre comer, trabajar,
descansar y vestirse por una parte, y la salud por la otra. Todos los que creen
la verdad para estos últimos días, tienen algo que hacer en este asunto. Les
concierne, y Dios exige que se despierten y se interesen en esta reforma. El no
se agradará de su conducta si ellos consideran esta cuestión con indiferencia.—Testimonies
for the Church 1:618 (1867). {CRA 44.3}
El tropezar contra la bendición
45. Dijo el ángel: “Os ruego... que os abstengáis de los deseos carnales
que batallan contra el alma”. 1 Pedro 2:11. Ud. ha tropezado contra la reforma pro salud. A Ud. le parece que es
un apéndice innecesario de la verdad. No es así; es parte de la verdad.
Tiene Ud. delante una obra que lo afectará más de cerca y que llegará a ser más
decisiva que cualquier otra cosa que haya sido dirigida a Ud. Mientras Ud. duda
y se mantiene a la zaga, y no se posesiona de las bendiciones que tiene el
privilegio de recibir, Ud. sufre una pérdida. Ud. está tropezando precisamente
sobre la verdad misma que el cielo ha colocado en su camino para hacer el
progreso menos difícil. Satanás la presenta ante Ud. con el enfoque más
objetable, a fin de que Ud. luche contra aquello que llegará a ser de máximo
beneficio para Ud., aquello que sería para su salud física y espiritual.—Testimonies
for the Church 1:546 (1867). {CRA 44.4}
[Excusas para obrar mal preparadas bajo las
influencias satánicas—710] {CRA 45.1}
Considerad el juicio
46. El Señor llama a voluntarios para que entren en su ejército. Hombres
y mujeres enfermizos necesitan llegar a ser reformadores en pro de la salud.
Dios cooperará con sus hijos para preservar su salud, si ellos comen con
cuidado, rehusando colocar cargas innecesarias sobre su estómago.
Bondadosamente él ha hecho que la senda de la naturaleza fuera segura, y lo
suficientemente amplia como para que todos anden en ella. El nos ha dado como
nuestro sustento las producciones saludables de la tierra. {CRA 45.2}
El que no escucha la instrucción que Dios ha dado en su Palabra y en sus
obras, el que no obedece los mandatos divinos, tiene una experiencia
defectuosa. Es un cristiano enfermizo. Su vida espiritual es débil. Vive, pero
su vida está desprovista de fragancia. Desperdicia los preciosos momentos de gracia. {CRA
45.3}
Muchos han hecho gran daño a su cuerpo al desatender las leyes de la
vida, y pueden no recobrarse nunca de los efectos de su descuido; pero aún
ahora pueden arrepentirse y convertirse. El hombre ha tratado de ser más sabio
que Dios. El se ha convertido en ley para sí mismo. Dios exige que demos
atención a sus requerimientos, para no seguir deshonrándolo mediante una
conducta que empequeñece las facultades físicas, mentales y espirituales. La
decadencia y la muerte prematuras son los resultados de apartarse de Dios para
seguir los caminos del mundo. El que complace el yo debe llevar la penalidad.
En el juicio veremos cuán seriamente Dios considera la violación de las leyes
de la salud. Entonces, al echar una mirada retrospectiva a nuestra conducta,
veremos cuánto conocimiento de Dios podríamos haber obtenido, cuán nobles
caracteres podríamos haber formado, si hubiéramos tomado la Biblia como nuestro
consejero. {CRA 45.4}
El Señor está esperando que sus hijos se hagan sabios en su comprensión
de las cosas. Al ver la miseria, la deformidad y la enfermedad que han venido
al mundo como resultado de la ignorancia con respecto al debido cuidado del
cuerpo, ¿cómo podemos rehusarnos a dar la amonestación? Cristo ha declarado
que, como fue en los días de Noé, cuando la tierra estaba llena de violencia y
corrompida por el crimen, así será cuando el Hijo del hombre sea revelado. Dios
nos ha dado una gran luz, y si andamos en esa luz, veremos su salvación. {CRA 46.1}
Necesitamos realizar cambios decididos. Es tiempo de que humillemos
nuestro orgullo, nuestros corazones obstinados, y busquemos al Señor mientras
pueda ser hallado. Como pueblo debemos humillar nuestros corazones delante de
Dios; porque las cicatrices de la inconsecuencia se hallan en nuestra práctica. {CRA 46.2}
El Señor nos exige que nos pongamos de acuerdo con su plan. El día casi
ha pasado; la noche está por llegar. Ya se ven los juicios de Dios, tanto en
tierra como por mar. No se nos otorgará un segundo tiempo de gracia. Esta no es
una hora para hacer movimientos equivocados. Agradezca cada uno a Dios de que
todavía tenemos una oportunidad para formar caracteres para la vida eterna
futura.—Carta 135, 1902. {CRA
46.3}
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